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Cómo dejar de compararse con los demás

Toda la vida ha habido comparaciones en todo, como por ejemplo, cuando los meteorólogos comparan los milímetros de lluvia caída en el mes pasado, con la de mismo mes en el año pasado.

Creo que las comparaciones son importantes para poder medir resultados, para saber si vamos mejor o peor, para crecer y saber si estamos logrando lo que queremos. Por ejemplo, si una persona quiere bajar de peso, y se propone bajar un kilo por mes, tiene que comparar el resultado logrado con el resultado propuesto.

Por otra parte, desde que somos niños aprendemos que siempre nos comparan con los demás, aunque de manera algo sutil. Por ejemplo, cuando vas a la escuela y te dan tu examen diciéndote que obtuviste 60 de calificación, mientras que a tu compañero le dicen que obtuvo 100, es casi imposible evitar llevar a cabo una comparación. Cuando tú obtienes 60 y otro obtiene 90, ya te dijeron que tu compañero fue mejor que tú en ese examen. O cuando en la escuela dos niñas son amigas, una bonita y otra no muy agraciada, y alguien le dice a la bonita que es bella, pero no le dice nada a la menos agraciada, implícitamente la niña poco bella percibe que ha habido una comparación donde ella es la fea, y la otra la bonita.

“La comparación no es mala, lo malo es la degradación en la comparación”

Así que, después de lo anterior, es muy difícil que alguien no haga comparaciones de sí mismo con los demás. Yo NO creo que el problema esté en compararse, sino que, el problema está en degradarse en la comparación. Si veo que mi vecino adquirió un automóvil y lo comparo con el mío para ver cuál es mejor, no creo que sea malo. Incluso, podría ser bueno, porque yo podría motivarme a conseguir otro coche. Lo malo es que tenga la necesidad de comparar el coche de mi vecino con el mío, para saber si el mío sigue siendo mejor que el de él y no sentirme inferior. Lo malo es hacer comparaciones para saber si soy “inferior” al comparado. El problema es que tendemos a compararnos con los demás, porque tenemos la idea errónea de que si los demás son más bellos, son más ricos, o son más inteligentes que nosotros, entonces nosotros somos inferiores. Eso no es así.

Específicamente, el problema reside en creer que nuestro valor personal depende de lo que tenemos, de quien somos o de lo que podemos hacer. Y peor aún, es creer que nuestro valor personal depende de la posición que tienen los demás. En las monedas existen paridades. Por ejemplo, peso mexicano-dólar americano. En el mercado de las divisas, sucede que si el peso sube, el dólar baja, o si el dólar baja, el peso sube. Nunca sucederá en esta paridad que el peso mexicano suba y el dólar también, o que ambos bajen. Porque el tipo de cambio de una moneda depende del valor de la otra, pero esto no aplica con los seres humanos.

El hecho de que una persona sea más rica que yo, no quiere decir que yo sea más pobre que ella, simplemente soy menos rico que ella. El hecho de que una persona sea más bella que yo, no quiere decir que yo sea más feo que ella, simplemente soy menos bello que ella. Pero, independientemente de esto, cuando hablamos de valor personal, esencialmente somos todos iguales. No hay superiores, no hay inferiores. Hay ricos y menos ricos, cierto, pero ambos, como personas, en esencia, son iguales. ¿Por qué se comparan las personas? Porque NO creen que en esencia todos somos iguales, si no que creen que el rico es superior al pobre, y que el bello es superior al feo (menos bello), entonces se comparan, y cuando son pobres, o “feos”, se sienten mal, porque creen que el otro vale más. Esto no es así.

La comparación es inevitable, no puede ser que veas a una persona más flaca que tú y no te des cuenta. O no puede ser posible que veas a una persona más rica que tú, y no te des cuenta. Desde que percibes el desnivel en peso, en riqueza, en belleza, en inteligencia, o en lo que quieras, podríamos decir que inconscientemente ya hiciste una comparación y ya sabes quién es más flaco, quién es más rico, más inteligente, etc. Veamos un caso. Sí tú tuvieras un auto más caro y lujoso que el mío, es obvio que me daré cuenta y en mi mente se llevará a cabo un proceso en el cual voy a percibir que tu auto es mejor que el mío. Esto es innegable, no puedo contradecir la realidad. En este supuesto, podríamos decir que tengo dos opciones de pensamiento.

OPCIÓN UNO.- “El coche de fulanito es mejor que el mío. ¿Por qué yo no puedo tener uno así? Es injusta la vida. Si tan sólo tuviera yo una empresa como la de él, entonces, tal vez yo también tuviera un coche así”.

Yo puedo llevar acabo ese proceso mental y sentir envidia, sentir coraje, sentirme inferior. Desear que tu coche se eche a perder, que te lo rallen o que te lo choquen. Con este patrón de pensamiento yo me sentiría menos que tú porque tu coche es mejor que el mío. O sea, la lógica errónea que funciona aquí, es esta: “tu coche es mejor que el mío, por lo tanto, tú eres mejor que yo”. Esto es totalmente falso

Este tipo de pensamiento también puede darse cuando hacemos comparaciones físicas. Por ejemplo, cuando una persona de ojos negros se compara con otra de ojos verdes, su lógica errónea podría ser: “los ojos de él son mejores que los míos, por lo tanto, él es mejor que yo”. O también puede ser, en otro caso: “él está flaco, yo estoy gordo, él es más guapo que yo, por lo tanto, yo soy inferior a él” Estos son los procesos lógicos erróneos que hace la gente.

OPCIÓN DOS: “El coche de fulanito  es mejor que el mío”

Así de corto puede ser mi proceso mental. Reconocer que el tuyo es mejor que el mío, motivarme a conseguir un coche como el tuyo porque creo que me lo merezco, más no que lo necesito. No sentiría envidia porque yo estoy feliz con lo que tengo. No me sentiría inferior porque tú vales lo mismo que yo, aunque tu coche valga más que el mío. No tendría ningún sentimiento de poco valor porque sé perfectamente que mi valor como persona reside en mi esencia, no en lo que tengo, ni en lo que puedo hacer. No haría una comparación perjudicial porque yo no dependo de lo que tú tienes, ni de quién eres, ni de lo que puedes hacer. Quien tú eres es muy independiente de quien yo soy. Lo que tú tienes es muy independiente de lo que yo poseo, lo que tú puedes hacer es muy independiente de lo que yo puedo hacer. Mis bienes materiales no tienes una valor en relación a lo que valen los tuyos, ni mi poder es en relación al tuyo. Yo soy yo, tú eres tú, y tú y yo valemos lo mismo.

En este caso, la lógica correcta es esta: “tu coche es mejor que el mío, pero tú, sigues siendo esencialmente igual que yo. Un coche caro es mejor que un coche barato, pero, un ser humano, es igual a otro ser humano, sin importar cómo sean, ni qué tengan, ni qué pueden hacer”

Si tú tienes ojos azules y yo ojos negros, no me sentiría inferior, porque aunque tus ojos sean más bellos que los míos, esencialmente, tú sigues siendo igual que yo.

Y si comparamos los atributos físicos, en relación a la atracción del sexo opuesto, yo pensaría: “tú tienes ojos azules, yo tengo ojos negros, tus ojos son más bellos que los míos, pero tú sigues siendo igual que yo. Es más probable que una mujer sea atraída por tus ojos azules, que por mis ojos negros, pero yo puedo ser capaz de atraerla por otras cosas. Tú tendrás mejores ojos que yo, pero tú NO puedes tener todo mejor que yo, algo he de tener yo, que sea mejor que lo que tú tienes, sin embargo, a pesar de todo eso, seguimos siendo iguales, no soy inferior a ti. Y si tú atraes a más mujeres que yo, no me afecta en nada, no necesito atraer a muchas mujeres para sentirme de alto valor, aun cuando soy capaz atraerlas” Tal vez esas personas puedan sentirse superiores a mí, pero:

En mi mente mando yo, y en mi mente, todos somos iguales

Estos son los pensamientos correctos que deben predominar en tu mente, y aplica tanto a hombres como a mujeres. Compararte para sentir inferior es una ridícula pérdida de tiempo. Aquí todos somos iguales como personas, aun cuando otros tengan cosas mejores que las que tenemos.

Imagínate que un ave se comparara con un pez y sintiera coraje porque no puede nadar. ¿Qué pensarías si el ave se quejara de que es injusta la vida porque no puede nadar y el pez sí? Sería ridículo, ¿no crees? Un ave es un ave y un pez un pez. Seres independientes cuyo valor no depende uno del otro. Los animales son más saludables emocionalmente porque no hacen esas comparaciones negativas que hacen los seres humanos. No tienen necesidad de estarse evaluando para ver quién es superior a quién. Un ave puede ver a un perro y no pensar nada negativo al percibir que el perro puede correr más rápido que él. Un perro jamás se va a quejar de no poder volar. Así deberíamos ser los seres humanos. No quejarnos de lo que no tenemos y otros sí, o de lo que no podemos hacer y otros sí.

¿Qué debes hacer entonces para dejar de compararte negativamente?

Yo no creo que debas dejarte de comparar, sino que, lo que debes hacer, es dejar de compararte para ver si eres inferior. Lo que debes hacer entonces, para no hacer perjudicarte en las comparaciones, es:

– Entender que nuestro valor no es relativo al de los demás. Si otro vale mucho, no quiere decir que yo valga poco. Aquí, todos somos de alto valor

– Entender que tu valor como persona no depende de cómo eres, ni de lo que tienes, ni de lo que puedes hacer

– Entender que todo ser humano es esencialmente igual a otro ser humano, aunque haya desigualdad en sus cuerpos físicos, posesiones o capacidades. No hay inferiores, no hay superiores

– Entender que las comparaciones sirven para medir resultados, para motivarnos a ser mejores cada día, no para sentirnos inferiores.

– Cuando veas que alguien tiene un mejor cuerpo, mejores bienes, capacidades, inteligencia, o más dinero que tú, acuérdate que eso no te hace inferior. Todos los seres humanos somos en esencia iguales

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Autor: Marcos

Soy amante de los negocios, de la lectura, de la escritura, de la ciencia y la tecnología. Me gusta escribir sobre superación personal, autoayuda y relaciones amorosas e interpersonales. Mi deseo es que seas una persona blindada, que sientas el poder fuir en tu vida, con autoestima inquebrantable, con seguridad propia fuerte, con dominio emocional, feliz en todos los ámbitos de tu vida, con la cabeza siempre en alto, sin temores innecesarios y absurdos.

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