Estados ficticios de felicidad-infelicidad (¿Realmente son felices todos los que crees que son felices?)

Muchas veces nos hemos dado cuenta que las mejores cosas de la vida son gratis, como el oxígeno que respiramos, y en otras ocasiones hemos escuchado que la felicidad muchas veces se encuentra en las cosas simples.

Te voy a contar una historia y saca tus propias conclusiones. Un entrevistador quería saber el secreto de la felicidad, así que decidió a reunir a 3 personas:

La primera persona era quien el entrevistador pensó que era muy feliz, pues era un hombre muy rico, con casas, yates, automóviles deportivos y lujosos y una gran empresa que levantó casi toda su vida con un trabajo muy tupido y arduo. Este hombre prácticamente lo tenía todo, familia, casas, coches, lujos, dinero, etc. Él desde niño pensaba sólo en dinero. Quería ser rico y en su mente sólo pasaba dinero, dinero, dinero. Fue muy astuto y comenzó a construir un imperio, al principio trabajando 12 o más horas, pero después de muchos años ya era rico.

La segunda persona, era una que el entrevistador pensó que era el tipo promedio, medianamente feliz. Un hombre que desde niño sus papás lo mentalizaron para que sea un estudioso, acabe una profesión y busque un buen trabajo para poder vivir bien, cómodo y sin problemas económicos. Él estudió, se graduó y encontró un trabajo que le absorbía a veces más de las 8 horas reglamentarias. Tenía su casa, su coche y algunos pequeños lujos, pero le dedicaba mucho tiempo a su trabajo para poder darle “lo mejor a su familia”

La tercera persona, era quien el entrevistador pensó era el más infeliz, frustrado y marginado por la vida. Un hombre que vivía en un pueblo apartado de la ruidosa ciudad, que se dedicaba a cortar leña y venderla. No tenía automóvil y a penas había logrado construir una casa de paja, pero, para fortuna de él, pudo comprar un terreno grande que fue repartiendo entre sus hijos, de tal manera que sus hijos vivían alrededor de su casa, en el que antes era un mismo terreno.

Llegaron los 3 hombres a la entrevista y el segundo hombre, el que estudió mucho para poderse ganar la vida con un buen sueldo en un trabajo seguro pensó al ver al primero, al rico: “ese hombre tiene todo lo que yo siempre he soñado tener. Tal vez si sigo trabajando mucho, horas extras y estudiando maestrías y doctorados pueda yo lograr tener al menos un automóvil de los que él tiene

El primero hombre, el rico, al ver al tercero, al que vivía en el pueblo, pensó: “ese hombre se ve tranquilo, como que tiene una paz especial, no se ve que esté estresado, ni preocupado por deudas, no necesita guardaespaldas como yo, vive alejado de la ciudad estresante

Luego, el entrevistador sentó a los 3 hombres para hacerles una pregunta y dijo: “quiero hacer una sola pregunta porque quiero saber más sobre la felicidad e infelicidad, mi pregunta es sobre su gran “sueño” o deseo en la vida para ser feliz”

Se acercó al primer hombre y le dijo: “Cuál es su gran sueño o deseo que quiere lograr en la vida para que sea más feliz, aunque la verdad, yo creo que con todo el poder y dinero que tiene usted ya cumplió todos sus sueños y metas, pero, si tiene alguna respuesta la escuchamos” Y el primer hombre respondió: “Mi gran sueño es estar en mi casa un día entero con mi familia, poder llevar a mis hijos en un campo y pasar todo el día allá jugando con ellos disfrutando la tranquilidad, pero eso jamás podré hacerlo, porque pasé tanto tiempo haciendo dinero, que cuando me di cuenta mis hijos ya habían crecido, y cuando era pequeños, no pude llevarlos porque no tenía tiempo y vivía con el temor de que alguien quiera secuestrarlos para pedirme dinero. Quisiera retroceder el tiempo y cumplir mi gran sueño, pero es imposible. Ahora ellos ya son grandes, se han acostumbrado a tenerlo todo, no valoran las cosas y viven en otros países, nunca vienen a visitarme”

Luego, el entrevistador sorprendido, porque pensó que este hombre era muy feliz, decidió hacerle la pregunta al tercer hombre que pensaba era el más frustrado con la vida. Le preguntó:
“Usted ha de tener muchos sueños, vive en un pueblo y creo que ha de tener muchas metas por alcanzar, ¿cuál es su gran sueño o deseo en la vida?” El hombre pobre respondió: “no me había puesto a pensar en eso, ahora que me hace la pregunto, si digo que deseo autos lujosos y deportivos será una mentira, porque para empezar ni sé conducir, no entiendo nada de los autos modernos, de ni las computadoras que ahora los controlan, ni nada de los GPS que traen, no entiendo mucho de eso, no me atraen, no puedo desear algo que no sé como funciona” Mi sueño tampoco puedo decir que es estar en una gran empresa porque yo no estudié ninguna profesión, creo que estoy contento con tener mi casa de paja y mis hijos muy cerca de mí, tal vez mi sueño lo he logrado, y no entiendo, cómo un hombre rico, como el primero, tenga como sueño hacer todo lo que yo ya hice. No comprendo cómo él no se ve feliz teniendo todo lo que tiene, y lo más sorprendente es que yo he cumplido el sueño de él, pues siempre jugué con mis hijos cuando eran pequeños, ahora con mis nietos, y ellos viven cerca de mí.

Nuevamente el entrevistador se sorprendió, porque este hombre parecía estar tan feliz cuando se suponía que debería ser el más frustrado porque no tiene casas, coches, autos, estudios, ¡no tiene nada! (pensaba erróneamente el entrevistador). Luego, se dirigió a la segunda persona, y le preguntó: ¿cuál es tu gran sueño en la vida? Y este respondió: “yo siempre he deseado tener mucho dinero por lo que me esforcé mucho estudiando y consiguiendo un buen trabajo, mi sueño era tener al menos un auto lujoso como el primer hombre, tener al menos una casa grande, pero ahora que habló el tercer hombre, me estoy dando cuenta que toda la vida me la he pasado trabajando para mi patrón y mis hijos ya están creciendo, ahora tengo miedo que me pase como el primer hombre, y mi sueño se ha convertido en lo que el tercer hombre ya logró, quiero jugar con mis hijos, tenerlos cerca, pero el trabajo me absorbe mucho tiempo, y por más que trabajo no he logrado tener autos y casas lujosas. Ahora yo ya no quiero eso, sólo quiero tener la paz que tiene el tercer hombre y la felicidad de estar con mi familia unida. Ahora, sólo deseo vivir bien, disfrutar a mi familia y si Dios me da autos, casas y lujos serán bien venidos, pero ya no quiero más estrés, ya no quiero más problemas en la empresa donde laboro, no quiero responsabilidades que me atormentan, no quiero vivir obsesionado con los lujos, no quiero llegar a viejo y ser como el hombre rico, no quiero estar con el temor de que mis hijos puedan ser secuestrados o de que alguien me mate, ahora sólo quiero estar en paz con mi familia y ser feliz.

La historia ha terminado, y ya para terminar este artículo, la conclusión es simple: La felicidad no siempre está donde tú crees que está, recuerda que la felicidad depende de tu percepción, y si percibes las cosas erróneamente, tu felicidad se puede estar perdiendo para siempre, y cuando reacciones, ya no podrás recuperarla. Piensa en lo que haces, no sea que estés haciendo las cosas al revés. El hombre rico pensó en ganar mucho dinero para darle “la mejor vida” a sus hijos, pero nunca jugó con ellos, sólo les dio dinero, lujos ¿y todo para qué?, para que ellos terminaran amando los bienes materiales sin haber experimentado el amor que un padre pudo haberles dado en su infancia, y lo peor de todo, es que el rico al tener mucho dinero, hizo que sus hijos desearan vivir en otro país por las riqueza, terminando lejos de su padre. Obviamente ser rico no es malo, es excelente, pero no hay que hacer las cosas al revés.

No hay que hacer las cosas al revés, por eso Jesucristo dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33)

Ahora, saquen ustedes mismos sus propias conclusiones, y ojalá puedan compartirla comentando

2 Comentarios

  1. mari

    Interesante artículo. Felicitaciones por tus ideas y por compartirlas. En estos tiempos es casi imposible concebir el bienestar y la felicidad sin el dinero, pero tal vez no debamos confundir el placer con la verdadera felicidad. Por ejemplo pasar todo el día de compras puede ser muy placentero, pero si sentías un vacío en tu vida antes de irte a comprar, lo volverás a sentir cuando regreses del centro comercial. Tener el celular carísimo de moda no te hará más feliz de lo que eras antes, te genera momentos placenteros, pero no tiene el poder de ir más allá. Quizá la verdadera felicidad sea tan cara que ni siquiera la mayor de las fortunas pueda comprarla. Quizá el dinero compre sólo placer, al que suele confundírsele con la felicidad. Saludos!

    Responder
    • Marcos

      Gracias por tu comentario Mari, y muy cierto lo que dices, buena observación. Tendemos a confundir la felicidad con el placer. Saludos!

      Responder

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